Nuestra raíces

YOLI, ALMA MATER

Los Sueños de Yolanda

Alma mater y fundadora del MAE, esta mujer de 52 años, amante de la numerología y la astrología, nació en La Pampa y ya a los 15 años se vino a Buenos Aires. Estudió un año de Ingeniería, pero se hartó de leer tanto y se decidió por “hacer cosas”. “Yo siempre fui igual, no me gusta leer. Adoro la práctica, la experiencia, la acción” comenta. Se largó sola.
En 1971 Yolanda Ibarra ya tenía su primer restaurante al que concurrían figuras del ambiente artístico, deportivo y periodístico. Luego vinieron, uno detrás de otro, cuatro restaurantes más. Y por fin, el actual, en Callao y Córdoba.

“Esta casa la alquilamos y como somos un grupo independiente, la debemos financiar con el comedor que está abierto sólo medio día porque a la tarde se dan charlas, conferencias y cursos. Aquí en el MAE somos una gran familia, dentro y fuera del horario de trabajo.” Tanto es así que Yolanda comparte su vivienda con un grupo entre el que se encuentran algunos integrantes del MAE.

Soltera, asesora de políticos, creadora de una gran cantidad de recetas de comidas naturistas, activista incansable por la vida y la paz, escritora de artículos en medios gráficos y con una corriente aparición en radio y TV, Yolanda no flaquea en su lucha por una mejor calidad de vida. “Hay algo que me desvela, mi meta más grande: la construcción de un pueblo ecológico. Durante un tiempo me gustaba vivir en la ciudad, pero de un tiempo a esta parte sentí terriblemente el deseo de volver a mi pueblo, a disfrutar la vida con la naturaleza, Yo soy muy independiente y siempre hice lo que quise. No estoy de acuerdo con la sociedad establecida y es por eso que creo que el año que viene me voy a la montaña a concretar mi más ansiado sueño, el pueblo autosuficiente”.

En marzo de 1985 en una nota para un diario de Rosario, cuando le preguntaron a Yolanda que proponía el MAE respondió “Una sociedad alternativa, que pugne por un desarrollo integral de todos sus miembros en oposición a las formas de crecimiento que agreden a los seres vivos. Necesitamos un sistema ético, que nos lleve a una sociedad que viva en armonía con la naturaleza porque consideramos que el acceso a un medio ambiente sano se inscribe entre los derechos humanos básicos de toda sociedad, todos tienen derecho a la vida no solo a una vida sin hambre ni dolor físico sino a una vida que además permita la realización personal y social, pensamos e invitamos a analizarlo en una sociedad que dé respuestas a las necesidades básicas y que tenga el coraje de asumir y renunciar a sus hábitos superfluos ecológicamente caros o que deterioran el medio ambiente”.

Esta era su aspiración, la construcción de una sociedad nueva basada en estos principios, partió de este mundo sin verla realizada, dejándonos el mejor ejemplo dedicar hasta el último suspiro de su vida en construir ese nuevo mundo.

Hoy nosotros tomamos ese espíritu y continuamos su labor, tomando como lema esas palabras que ella siempre pronunciaba “volver a las cosas simples de la vida” proponemos tomar consciencia de esa simpleza acercando una alimentación basada en el amor a todos los seres, en cuidar nuestro hogar el pequeño y el grande a través de cambios de hábitos que son perjudiciales tanto para el medio ambiente como para nosotros mismos y haciendo honor a esa generosidad sin límites que la caracterizaba difundimos estos principios a todos aquellos que quieran ser partícipes y colaborar en su realización.

Siguiendo los pasos de Yolanda…

Hace un tiempo que veníamos pensando en dar charlas de alimentación vegetariana abiertas a la comunidad y emprendimos la búsqueda de un espacio para llevarlas a cabo, fue así que nos contactó Emilce Acosta, esposa de quien coordina el centro cultural Centella invitándonos a participar de una actividad que ella realiza en la que se difunde productos orgánicos, ecológicos, pequeños emprendimientos y así comenzó todo, dimos dos charlas en dos de estos encuentros y poco a poco todo fue tomando forma.
Hoy estamos llevando a cabo charlas de alimentación consciente y de ecología cotidiana en el barrio de Almagro muy cerca de Balvanera, en una preciosa casona reciclada cuya dueña una suiza que ama Buenos Aires nos abrió las puertas para utilizar un espacio dentro del Hostel que usa como sala de usos múltiples.
Invitamos a las familias de nuestros amigos que estaban interesadas y tenían interés en la propuesta.
Lo más importante es que puedan ver que es simple el ir transformando nuestras conductas y hábitos, que se puede y que de encuentro a encuentro los que se acercan puedan contarnos qué experimentaron y enriquecer nuestro aporte.
Cada vez somos más, en la última charla no cabíamos todos en el espacio.
Gracias a tantas bendiciones la familia se va agrandando y a familia más grande casa más grande por tal motivo ya estamos en la búsqueda de un nuevo espacio.