Historia

Por Fernando Gigena (1982)

“Astrológicamente, a partir de este momento la Argentina inicia una nueva era en la que todos los objetivos nobles van a ser cumplidos inexorablemente y es por eso que nace en este instante MAE, un movimiento ecológico que va a ayudar a que se recupere el equilibrio de todos y cada uno de nosotros, de la unidad que somos y formamos la humanidad, los animales, minerales y vegetales.”

Con estas palabras en el mediodía del 12 de noviembre de 1982 y debajo de un histórico gomero ubicado en Plaza Lavalle (Tucumán y Libertad) unas cuantas personas fundaron el MAE (Movimiento Argentino Ecológico), un grupo que se ha erguido como uno de los principales organismos no gubernamentales del país. Y cuando se habla del MAE, se habla de Yolanda Ibarra, reconocida naturista, fundadora y alma mater del Movimiento, aunque sin cargo alguno en él: “Si bien la idea del MAE fue mía, debo admitir que jamás trabajé sola sino que desde el primer momento estuve rodeada de gente y así fuimos formando el grupo. No me interesa ni me gusta tener cargos, ya que puedo trabajar muy bien sin ellos. Me gusta trabajar en forma horizontal junto con los demás integrantes del Movimiento”.

¿Cómo comienza la historia del MAE?

“Al final de la década del 60´comence con el primer restaurante macrobiótico del país, en Callao 372 – comenta Yolanda. Más tarde ya a comienzos del 80, me fui dando cuenta de que era muy relativo el tema de hacer una dieta equilibrada, con cereales, sin matar animales, con todo lo que sea natural, porque en los cultivos se ponen agrotóxicos de todo tipo y al final se comen verduras contaminadas. También me di cuenta de que respirábamos un aire viciado y que también el agua que tomábamos estaba contaminada. Entonces comenzó a rondar por mi cabeza la idea de crear un movimiento ecologista que saliera del ámbito científico o elitista.”

La idea no tardo en cristalizarse. “El MAE nació en una cocina. Estábamos cocinando, interrumpimos al mediodía y nos fuimos a la plaza a fundarlo.”
Claro que Yolanda y su troupe no se conformaron con las palabras de presentación sino que ese día fue la excusa para comenzar a trabajar. La historia recién comenzaba.

El Movimiento Argentino Ecológico- Cuyo lema es “Volver a las cosas simples de la vida” – es una organización no gubernamental ecologista, cuyos objetivos principales son la educación de la salud psicofísica. Está formado por una comisión directiva con cargos que se renuevan anualmente en una asamblea y donde las decisiones se toman basadas en acuerdos para lograr consenso unánime.

Inscripto en las Naciones Unidas, con personería jurídica y reconocido como entidad de bien público a nivel municipal y nacional, el MAE utiliza como instrumento básico para su subsistencia el restaurante vegetariano que funciona en la sede de la institución. “La idea es que la gente cambie sus hábitos a partir de las prácticas alimentarias- comenta Yolanda-; nuestros productos son naturales, utilizamos miel en lugar de azúcar refinada, no usamos café, ni cacao, hacemos jugos, los postres, el pan, hervimos y enfriamos el agua, no tenemos máquina para amasar, ni heladera. Toda la comida que producimos es sana y artesanal, además de ser accesible al presupuesto de nuestros clientes.”

El MAE está compuesto por dos grupos de distinto origen: el inicial, integrado por personas ligadas al ámbito de las comidas y la forma de vida naturista y un grupo de incorporación posterior, conformado por científicos y especialistas en temas de medio ambiente y política ambiental. Esta combinación de diferentes estilos de trabajo posibilito crear nuevos carriles de comunicación social que se desarrollan en gran escala basados en el trabajo voluntario y que funcionan sin presupuesto alguno.

“El MAE no tiene subsidios, presupuestos ni financiamiento. El comedor financia el alquiler del local y a la gente que trabaja en él y nada más, explica su presidente Antonio Brailovsky. Además, hay una política de precios bajos porque la idea es que el comedor sea educativo y no comercial. “Todo lo que se hace aquí, lo hacemos por sentimientos o por emociones- agrega Yolanda- Aquí nadie cobra un centavo por las actividades que realiza. Fundamentalmente hay respeto, afecto y amor por todo lo que se hace. Es tan importante enseñar yoga como limpiar los pisos, hacer la comida o barrer las escaleras. Lo que nosotros queremos para el resto lo practicamos nosotros mismos, queremos educar con el ejemplo.”

Aunque los que componen este movimiento hacen prácticamente de todo, cada uno tiene una especialidad más pronunciada. “En el MAE hay ciertas vertientes básicas- aclara Dina Foguelman, coordinadora técnica de la institución. La del restaurante como escuela de nutrición atendida por Yolanda, la de animales domésticos que atiende Juan Carlos Fernández, la de pueblos indios de la que se encarga Angélica Mendoza, la de ecología y medio ambiente en general, de la que nos ocupamos Antonio y yo y la de derecho nuclear, en la cual se especializa Mirta Laciar”

Hacerse conocer
“Sin la prensa nosotros no existiríamos – apunta Dina Foguelman. Nos conocen en todo el
país porque salimos cotidianamente en diarios, revistas, radios y canales de TV. Eso es una ayuda invalorable para nosotros.”

Paralelamente con las tareas de difusión, la gente del MAE realiza diversas actividades complementarias, desde investigación, educación y artículos científicos sobre la problemática del medio ambiente, hasta la participación en reuniones, seminarios y congresos o la redacción de proyectos de ley y de ordenanzas municipales a legisladores que los soliciten.
También cuentan con una biblioteca de consulta y carpetas con material para estudiantes. “Fundamentalmente, creo que lo más importante en estos diez años de vida del MAE- reflexiona Braislovsky- fue haber contribuido a instalar el tema del medio ambiente en la sociedad argentina. De toda la gente – que no es mucha- que trabajo en el tema ecológico en nuestro país, creo que el peso mayor en la instalación de este tema en la sociedad lo ha tenido la gente del MAE, justamente por haber podido acceder a millones de personas por todos los medios de difusión. Creo que es importante pensar en muchas formas de organización popular espontánea, en pequeños grupos que se autogestionan. En principio tratamos de estimular a la gente a que forme su propio grupo ecológico.
No queremos jugar un rol paternalista, sino que estimulamos a la gente para que haga su experiencia. En este sentido, si alguien quiere abrir una filial del MAE, lo esperamos con los brazos abiertos, pero preferimos que se larguen solos y que trabajen con nosotros o con otras entidades colegas. Le tenemos temor al proceso de burocratización de las organizaciones: una organización puede ser rica y dinámica cuando no se burocratiza. Cuando se consolida una gran estructura, la gente piensa más en la estructura que en el objetivo y el MAE es precisamente un instrumento, un buen instrumento.”

En Marzo de 1985 en una nota para un diario de Rosario, cuando le preguntaron a Yolanda que proponía el MAE respondió “Una sociedad alternativa, que pugne por un desarrollo integral de todos sus miembros en oposición a las formas de crecimiento que agreden a los seres vivos.
Necesitamos un sistema ético, que nos lleve a una sociedad que viva en armonía con la naturaleza porque consideramos que el acceso a un medio ambiente sano se inscribe entre los derechos humanos básicos de toda sociedad, todos tienen derecho a la vida no solo a una vida sin hambre ni dolor físico sino a una vida que además permita la realización personal y social, pensamos e invitamos a analizarlo en una sociedad que dé respuestas a las necesidades básicas y que tenga el coraje de asumir y renunciar a sus hábitos superfluos ecológicamente caros o que deterioran el medio ambiente”. Esta era su aspiración, la construcción de una sociedad nueva basada en estos principios, partió de este mundo sin verla realizada, dejándonos el mejor ejemplo dedicar hasta el último suspiro de su vida en construir ese nuevo mundo.
Hoy nosotros tomamos ese espíritu y continuamos su labor, tomando como lema esas palabras que ella siempre pronunciaba “volver a las cosas simples de la vida” proponemos tomar consciencia de esa simpleza acercando una alimentación basada en el amor a todos los seres, en cuidar nuestro hogar el pequeño y el grande a través de cambios de hábitos que son perjudiciales tanto para el medio ambiente como para nosotros mismos y haciendo honor a esa generosidad sin límites que la caracterizaba difundimos estos principios a todos aquellos que quieran ser participes y colaborar en su realización.

Siguiendo los pasos de Yolanda…
Hace un tiempo que veníamos pensando en dar charlas de alimentación vegetariana abiertas a la comunidad y emprendimos la búsqueda de un espacio para llevarlas a cabo, fue así que nos
contacto Emilce Acosta, esposa de quien coordina el centro cultural Centella invitándonos a participar de una actividad que ella realiza en la que se difunde productos orgánicos, ecológicos, pequeños emprendimientos y así comenzó todo, dimos dos charlas en dos de estos encuentros y poco a poco todo fue tomando forma.
Hoy estamos llevando a cabo charlas de alimentación consciente y de ecología cotidiana en el barrio de Almagro muy cerca de Balvanera, en una preciosa casona reciclada cuya dueña una suiza que ama Buenos Aires nos abrió las puertas para utilizar un espacio dentro del Hostel que usa como sala de usos múltiples.
Invitamos a las familias de nuestros amigos que estaban interesadas y algunas personas que tenían interés en la propuesta. Lo más importante es que puedan ver que es simple el ir transformando nuestras conductas y hábitos, que se puede y que de encuentro a encuentro los que se acercan puedan contarnos que experimentaron y enriquecer nuestro aporte.
Cada vez somos más, en la última charla no cabíamos todos en el espacio.
Gracias a tantas bendiciones la familia se va agrandando y a familia más grande casa más grande por tal motivo ya estamos en la búsqueda de un nuevo espacio.